Las relaciones con los clientes

Las relaciones con los clientes

12-02-2020

Se acerca San Valentín, una excusa como otra cualquiera para fomentar el consumo en un mes corto pero sin mucho movimiento que aún no ha terminado de subir la cuesta de enero y ya está pensando en la caída libre de la llegada de las fiestas de primavera. Dando vueltas para escribir un post sobre el tema, mi cabeza, huyendo de los típicos tópicos, me ha hecho pensar en los paralelismos que existen entre una relación de pareja y una relación con un cliente. 

Las relaciones son complicadas. Hay que tener feeling con “la otra mitad de la naranja” para que las cosas funcionen. Da igual si dos personas son iguales o totalmente distintas, si tienen los mismos hobbies, son del mismo partido político o del mismo equipo de fútbol… ¡o no! Mientras exista ese feeling que hace que se llegue a una convivencia feliz, la relación puede tener futuro. Con los clientes pasa exactamente lo mismo. Da igual los gustos o preferencias que tengan, siempre que haya un buen ambiente de trabajo con ellos, la relación va a tener futuro.

Crear una relación de confianza con un cliente, conociendo sus puntos fuertes y los débiles, nos ayudará a poder complementar nuestro trabajo y a estar atentos a unas cosas u otras en función de sus necesidades. Como en las relaciones de pareja, toca admirar sus cosas buenas y aceptar las que no lo son tanto.


Los clientes, al igual que las relaciones, pueden ser de distintos tipos.

Los tóxicos. Esos clientes que por su carácter o mala educación (sí, me he atrevido a decirlo) se empeñan en hacer las cosas difíciles. Se ponen hechos un basilisco sin motivos reales y luego vienen arrepentidos y dando palmaditas por lo bien que lo has hecho. Saben más que tú de marketing y de la vida en general, y por lo tanto cuestionan cada paso que das. Quieren resultados ya, pero no hacen lo que les has recomendado que hagan. Este perfil está en todas las agencias, y al igual que en las relaciones de parejas, lo mejor que nos puede pasar es que se vayan pronto y tanta paz se lleven como calma nos dejan.

Los despistados. Los que te marcan como "No leído". Se olvidan, llevan muchas cosas “pa´lante” y al final posponen lo que a ti te urge. A pesar de eso, son clientes con los que suele ser fácil trabajar… ¡cuando se ponen! Porque son conscientes de que los ritmos de trabajo vienen marcados por ellos mismos y sus muchos quehaceres. Con un poco de paciencia e insistencia... ¡todo es posible!

Los que confían ciegamente. Esos que te llaman a todas horas, que no pueden vivir sin ti, no hay manera… (¿Lo has leído cantando?) Que les gusta consultar cada paso, cada decisión… esos que confían en tu trabajo y saben que les ayuda a mejorar. Y aunque dan mucha faena, porque requieren mucho tiempo de nuestro día a día, nos demuestran lo felices que están con nuestro trabajo.

Los infieles. Clientes para los que lo único importante es el precio y en cuanto alguien les ofrece algo más barato corren a sus brazos. Como en las relaciones de pareja, lo mejor es no rebajarse. Entrar en luchas de precio con alguien que va buscando el mejor postor siempre te hará perder. Deja que siga su camino, ya que lo barato sale caro y al final siempre vuelven.

Los perfectos. Sí, también hay clientes que son "prácticamente perfectos en todo". Que colaboran, que se dejan asesorar siempre, que agradecen el trabajo bien hecho, que siempre tienen una sonrisa… esos clientes que es una maravilla trabajar con ellos. Y creedme si os digo que existen, que en Bualá tenemos muchos así ;) 

Adoramos a nuestros clientes, pero tenemos claro que nada es para siempre, y las relaciones con los clientes tienen un ciclo de vida. Puede ser por muchos motivos, llega un día que las cosas no funcionan. Que clientes que ya apuntaban maneras terminan por hacer que se rompa o te dan motivos suficientes como para terminar con una relación que al final se convierte en tóxica, que hace que ninguna de las partes esté contenta con su labor y que demuestran que no está pagado con nada el privilegio que es disfrutar de tu trabajo. Como diría la más grande, se nos rompió el amor… de tanto usarlo… y llegados a este punto lo mejor es poner fin y prospectar nuevos clientes que te hagan recuperar las mariposas en el estómago por tu trabajo. 

¡Feliz San Valentín!

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